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AGUIJÓN SOCIAL

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Alfonso Suárez Arias¡EL ODIO DESJARRETA LAS REDES SOCIALES…!
“No honres con tu odio a quien no podrías honrar con tu amor”. Friedrich Hebbel
Estamos en una etapa de difusión por las redes sociales de toda clase de improperios, burlas, injurias, provocaciones, ofensas, calumnias, hasta infamias, amenazas y muchas temeridades que consumirían los sinónimos de odio contemplados en el diccionario.
La Internet ha promocionado el uso de plataformas de comunicación en tiempo real como el twiter que no es otra cosa que gorjear o trinar según el significado inglés, emulando a los pájaros que cantan y los demás escuchan y le contestan, o el Facebook cuya comunicación es bidireccional.
En Colombia, las situaciones generadoras de odio que resultaron afectando al entorno con condiciones aceptadas por quienes se beneficiaron, descalificadas por la mayoría, apuraron conflictos que vulgarizaron más allá del normal respeto institucional, sobrevino con la conocida “ley de los caballos” en 1888 por la que el gobierno se permitía reprimir los delitos o afectaciones de orden público, sin juicio alguno, imponiendo penas de confinamiento, expulsión, prisión y pérdida de derechos políticos, el odio incubado por el accionar político de la época dio inicio a la guerra interna de los mil días.
Hoy corremos el riesgo que leyes similares sean aplicadas por el gobierno de turno, ya no desjarretando cruelmente los caballos en su afán de impedir la movilización de manifestantes legítimos, sino reprimiendo los medios de transporte, comunicaciones y a la misma sociedad, abotagada de propaganda negra que están incitando a la irreverencia y repulsión por la propensión de conducir al pueblo hacia un fracasado socialismo comunismo.
La libertad de expresión es el derecho a investigar y publicar informaciones e ideas de toda índole, pero la sociedad está asumiendo el riesgo de transgredirla incitada por el odio que generan disposiciones y acciones inconsultas del gobierno, que rompe los lineamientos aun no completamente interpretados por la misma legislación nacional y los tratados.
Esa misma libertad manifestada en las redes sociales, podría ser el arma de un gobierno para deslegitimar la democracia o el derecho inviolable del pueblo en su ansia de manifestar abiertamente y encontrar sentido al principio constitucional de prevalencia del interés general y la felicidad de la población.
Se facilita por las redes la divulgación de éstas expresiones de odio y rencor, que colisionan con el derecho fundamental de expresarse libremente, incitar al odio o a la violencia virtualmente contra una persona o grupo por su inclinación política no queda delimitado a fronteras de tiempo ni de espacio, aun en el caso hipotético de una reelección presidencial servirá claramente para acosar, perseguir o justificar vulneraciones a los derechos humanos.
Y es que para odiar y sentir repulsión por lo que hace en contravía el gobernante y sus asesores, no requiere exhaustivos esfuerzos mentales de razonamiento, simplemente se ajusta a una circunstancia generada por su maniobrar que afecta a la sociedad, consecuentemente la intriga produce una polarización de ideas que desafían los principios de honestidad y consideración al mismo país, a la postre se está empollando el odio hacia la gobernabilidad y sus actuaciones.
Ojalá, no entremos en la época de desjarretar también a las formas de comunicación social y a los derechos de libertad de expresión, como lo están previendo regímenes políticos vecinos promovidos por el castro chavismo, en su afán de perpetuarse en el poder aun contra el odio y repulsión implantados en el corazón de la sociedad por su mismo proceder.

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