SE ACABÓ EL RECREO:

Por Óscar Hernán Pallares Ropero

SALTARON DEL BARCO COMO ESOS ANIMALITOS

      A finales de marzo cuando empieza a irse la temporada seca y se asoman los primeros aguaceros de abril indicando que ya viene el tiempo de lluvia aparecen las ratas y los ratones en las casas buscando refugio seco, comida, temperatura adecuada y copulación. Es una plaga que transmite enfermedades y destruye hasta el cableado eléctrico. Son capaces de trepar, escalar, engañar y entrar por agujeros por pequeños que sean. Para las ratas y ratones pareciera que nada es obstáculo a la hora de incursionar en el sitio que escogieron para sus comilonas.

    Pero no es lo mismo ratas que ratones. A simple vista por su constitución se pueden distinguir. Lo primero que salta a la vista es su diferencia de tamaño. Las ratas son inmensas en comparación con los ratones, estos pueden despertar hasta simpatías mientras las ratas son capaces de defenderse chillando y atacando, con capacidad de hacer atemorizar al humano que las sorprenda. Las ratas y ratones no son ni siquiera de la misma especie.

No es lo mismo, pero no son diferentes.

     Esta semana, con los primeros aguaceros de despedida del verano intenso, varios parlamentarios de todos los partidos de la coalición de gobierno (Liberal, Conservador, Centro Democrático, Cristianos, Cambio Radical, De la Unidad), más bien desconocidos en el ámbito nacional, se hicieron notar por encargo firmando una propuesta de prolongación de periodo del presidente y de Raimundo y todo el mundo: procurador, contralor, registrador, magistrados de las altas cortes, gobernadores y alcaldes. Faltó incluir a los porteros.

     Es curioso que los parlamentarios pesos pesados de esos partidos no asomaran las narices. Ni el presidente ni su presidente. Se quedaron expectantes en sus cuevarules: “Cuidado con el 22”, no sea que nos llueva rejo también”.

     Porque rejo fue lo que recibieron los firmantes del mandado. Desde avezados jurisconsultos y constitucionalistas, pasando por el pueblo que sabe por dónde le entra el agua al coco, y hasta habladores de esquina, se dieron gusto: no los bajaron de mandaderos de pacotilla, golpistas de estado, atracadores de la normatividad y asaltantes de la democracia, entre otras bellezas. Y fue tanta la paliza que le dieron, que todos a una, como en Fuente Ovejuna, saltaron a la secretaría del Congreso para que los borraran del papelucho que habían firmado: pero como dicen en whatsaap cuando alguien se equivoca y elimina, ya para qué, ya lo leímos. Saltaron del barco como aquellos animalitos, pero desde la orilla esperarán, estoy seguro, una nueva oportunidad para subirse.

    Volviendo al principio, según un estudio, las ratas recuerdan quiénes son buenos con ellas y devuelven el favor (Nathional Geographic, Ralph Martins, 4 de abril de 2019, 16:58 GMT-3, actualizado 5 de noviembre de 2020 03:28 GMT-3, https://www.nationalgeographicla.com/animales/2019/04/segun-un-estudio-las-ratas-recuerdan-quienes-son-buenos-con-ellas-y-devuelven-el). 

     Las ratas utilizan claramente la calidad del servicio que reciben para determinar cuánto devuelven. Parece ser que eso está demostrado en las de cuatro paticas, pero lo contrario también, en las de dos.

PRIMER RECREO: Con un “pero desde la orilla esperarán” terminé el antepenúltimo acápite de este escrito, y observen: aún no había terminado de corregirlo, cuando ya se conocen proyectos para unificar las fechas de elecciones para presidente y congresistas, separadas por la Constitución de 1991 porque fomentaba la corrupción, y otro para que la Fuerza Pública pueda votar. También lo dije arriba: “pareciera que nada es obstáculo a la hora de incursionar en el sitio que escogieron para sus comilonas”.

SEGUNDO RECREO: Aplaudo la voluntad política demostrada contra las fotomultas. La importancia del tema me hace recordar El Principito de Antoine de Saint-Exupéry en su capítulo X:

“Era un monarca absoluto. Pero, como era muy bueno, impartía órdenes razonables.

    «Si yo ordenara – decía habitualmente – si yo ordenara a un general convertirse en ave marina, y si el general no obedeciera, no sería la culpa del general. Sería mi culpa.» […], y si el general no ejecutara la orden recibida, ¿quién estaría en falta, él o yo?

– Sería usted – dijo con firmeza el principito.

– Exacto. Debe exigirse de cada uno lo que cada uno puede dar – prosiguió el rey. – La autoridad se fundamenta en primer lugar en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, hará la revolución. Yo tengo el derecho de exigir obediencia porque mis órdenes son razonables”.

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