En blanco y negro

Por: Diógenes Armando Pino Ávila

    El paro contra la Reforma Tributaria, o por lo menos, ese fue el motivo visible, se hizo sentir en todo el país, en todos los pueblos y ciudades hizo presencia el pueblo de clase media, los obreros, trabajadores independientes, micro empresarios, estudiantes, liberales, conservadores, desprotegidos y demás sectores que sienten los rigores de la situación económica que vive el país.

      Este paro, de nuevo aviva la vieja discusión ideológica, que impetraron desde arriba en una matriz de opinión y que ha dividido la visión de país en blanco y negro ideologizando todo en derecha e izquierda y cuando se calienta la discusión se pasa de paracos a guerrilleros en un enfrentamiento de radicalismo verbal que iguala y a veces cruza la línea de la ofensa, el insulto hasta escalar en la violencia que en nada favorece la estabilidad del país.

Esa matriz de opinión ideologizada es la negación de los múltiples gradientes en realidad está dividido el país ya que en Colombia en cuanto a clases sociales tenemos a unas familias, (se pueden contar con los dedos de una mano), que tienen la mayor riqueza del país, dueños de bancos, conglomerados de empresas, los medios, construcciones, grandes contrataciones y son los que financian a los aspirantes al gobierno que después devuelven sus favores con grandes exenciones de impuestos y privilegios que a la postre son cargados a la deuda a pagar por impuestos a la clase media y pobre del país.

    Luego viene una elite de los que tienen mucho, tal vez demasiado pero que no le alcanza para situarse a la par de los primeros, de éstos hacen parte algunos terratenientes, ganaderos, industriales, empresarios que aparecen en los medios generando discusiones y justificando la pobreza del pueblo. En esta escala siguen las familias de los expresidentes con fortunas heredadas del Estado, detentores aparentes del poder político que soportan el andamiaje de dominación y el control de opinión dirigida desde más arriba, son una especie de encomenderos, capataces de la finca en que han convertido al país.

Más abajo, bastante diría yo, se encuentran empresarios, ganaderos y terratenientes de pueblos y ciudades que aún teniendo abundante capital son vistos como miserables por los de más arriba y son utilizados para mantener el poder y privilegios a las élites y escogidos de esa cúpula social que realmente domina a Colombia. En este renglón han soportado la política departamental y de provincia, les encargaron el pago de la guerra, les involucraron en ella, les convirtieron en enemigos de los grupos alzados en armas, les convirtieron en financiadores de campañas, en fin, del trabajo sucio, el que cumplen esperanzados y convencidos de que serán de buen recibo por ascenso en esa cúspide estrecha de la pirámide social que dirige y gobierna.

    En este orden siguen los profesionales y políticos de provincia que han logrado hacer fortuna, bien como profesionales, bien por herencia o por partición del botín de la corruptela que desangra al país, en estos, no todos, asumen la matriz de opinión implantada y piensan y actúan con la displicencia propia del arribista, ningunean a los de abajo y defienden a los de arriba en una pose de ego inflamado que desdice de su formación y de su conciencia de clase, muchos ni siquiera saben dónde están situados en la escala social. Otros lo saben y callan mientras que otros protestan y emiten opiniones al respecto

Continúan los empleados de empresas y entes gubernamentales que también piensan y dividen en razón al cargo y a los sueldos devengados, los hay quienes emulan a los dueños, los hay algunos que se creen por encima, y hay los que son conscientes de su lugar. Por último el pueblo-pueblo, los desposeídos, los despreciados, los ninguneados, como decía Galeano, los que no tienen nada, los que solo tienen la esperanza de sobrevivir y superar la miseria del día para tener fuerza para batallar el siguiente aquí los hay de las dos corrientes, los que están conformes con su estado y con los que lo explotan y los que desean un cambio y viven una esperanza de un mejor mañana para todos.

    Desafortunadamente, en ese querer ser como los de arriba que es la otra matriz de opinión implantada se justifica lo que realmente sucede en este país tan mal gobernado, pero dirigido con la intención de dividirlo en blanco y negro, peor aún en toda la escala descrita anteriormente se piensa o se cree que piensan con el pensamiento de los de arriba.

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