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José de Dios Quintero Patiño

Noticias locales, regionales y nacionales

Porte ilegal de pensamiento

Por: Diógenes Armando Pino Ávila

    En estos momentos de tribulación, pandemia, paro, confinamiento uno quiera o no sufre contaminación con la información que circula en el medio, en las redes y las que emiten los medios de información tradicional más los medios alternativos, ha sido una semana bastante agitada, donde cada uno de los colombianos ha tratado de aportar, por humilde que sea su condición, a la estabilización o cambio del modelo de país que tenemos.

     Ha habido de todo, desde el intelectual que preconiza desde su supuesta alta tarima de dueño del saber, emitiendo conceptos de acuerdo a su creer y su sentir, algunos lo hacen con ecuanimidad y buena fe sin importar la orilla que defiendan, es su creer, su sentir y hay que respetarlo y tolerarlo así uno esté en contra. Hay otros de este mismo rango que emiten un torrente virulento, con una pose intelectual que camufla su sentido propagandístico sobre el statu quo y el sometimiento de las masas y la represión de la protesta popular.

     Hay los que tienen privilegios y por supuesto defenderán dichos privilegios, eso es entendible y se debe respetar, nadie cede en sus privilegios en forma altruista de yo doy para que el otro esté bien, en este caso están los políticos, los industriales, los empresarios, los terratenientes y los que ganan cifras astronómicas en sus sueldos y emolumentos, esos también hay que entenderlos y mirar, si bien con recelo, sus opiniones, también hay que respetarlas.

    Hay una clase emergente, nuevos ricos, que empiezan a gozar las mieles del poder y el dinero y defienden, algunos, a capa y espada ese manjar delicioso del dinero, como lo disfrutaría quien sale de una famélica dieta de hospital y prueba una cazuela de mariscos. En esta franja el discurso es más agresivo, más virulento, incluso soez, un discurso excluyente, de señalamiento de macartismo y de condena que no acepta pensamiento diferente.

    Por el otro lado, los hay que en la creencia que el país está mal gobernado piensan que hay que cambiar, que hay que mejorarlo, que hay que reemplazar muchas cosas, que es necesario repensarlo. En este querer que es válido, los hay en los que piensan sosegadamente en la necesidad de cambio y plantean desde sus tribunas alternativas o señalan específicamente que hay que cambiar: el régimen de salud, educación, política salarial, economía, en fin, hay tantas y tantas cosas por cambiar que cada uno señala un problema diferente, esto hay que respetarlo porque es el pensamiento diferente.

    Pero lo más aberrante es de los que justifican la violencia, el vandalismo y la muerte y los hay en las diferentes esferas, sean del ala que sea, los hay de los que aplauden el vandalismo y lo consideran como una reacción natural de la masa indignada, otros consideran que los que protestan y marchan son vándalos, metiendo en un solo costal a vándalos con los que marchan en paz, desconocen estos últimos que no todos son vándalos, de serlo el país se hubiera destrozado, pues no creo que haya nación alguna en el planeta que resista el vandalismo de cientos de miles de manifestantes en sus calles, no habría ciudad que lo resistiera, ni fuerza pública que los contuviera. Ese simple razonamiento nos debería llevar a pensar sosegadamente que los vándalos son una ínfima minoría a la que hay que meter en cintura respetando la Constitución, sin ajusticiamiento ni masacres, detenerlos y ponerlos en manos de la justicia.

    Hay que respetar la protesta y a los protestantes, es constitucional que se haga, hay que respetar el derecho que tiene el pueblo a hacerlo, hay que respetar el derecho que tienen los que no quieren protestar, está en su libre albedrío negarse a hacerlo. Hay la libertad de pensamiento, la constitución habla de ello, hay que respetarnos en la diferencia, hay que protestar en paz, hay que dialogar. Los gobernantes deben entenderlo y abrir canales de diálogo y concertación para detener esta espiral de violencia que devora al país.

    En Colombia no debe condenarse por porte ilegal de pensamiento, todos tenemos derecho a pensar de acuerdo a nuestros principios y respetar la Ley y la Constitución.

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