La casa «museo» de Marina Caselles y el árbol de mango de cien años

Marina Caselles Navarro posa sonriente al lado del árbol de mango

El mango es por excelencia una de las frutas tropicales más apetecidas por la gran variedad de especies existentes,  su delicioso sabor y textura que lo convierten en predilecto a la hora de consumirlo directamente, en jugos o en múltiples preparaciones.

En pleno centro de Aguachica, en la calle 6 con carrera 12, en una de las casas que aún conservan su infraestructura tradicional en tapia pisada, está plantado hace más de cien años un árbol de esta especie que aún con su longevidad produce durante todos los días del año frutos de mango de considerable tamaño.

EL NUEVO SUR contactó a la señora Marina de Jesús Caselles Navarro, habitante de la vivienda, donde se encuentra este espécimen de verdes hojas y grueso tallo que denotan los años que tiene en su lecho.

Doña Marina cuenta que el árbol fue sembrado en el año de 1920, por su abuelo materno, Rodolfo Navarro Zambrano, quien era dueño de ese terreno, de profesión agricultor y nacido el 22 de septiembre 1891 en San Calixto Norte de Santander, llegó a Aguachica por razones de trabajo, aquí conoció a su abuela Olimpia Navarro Cruz, nacida el 26 de marzo de 1897 y  en la tierra morrocoyera juraron matrimonio.

Dice que su abuelo plantó el hueco en medio del lote un viernes santo, según relata doña Marina, esta es una de las razones por las que todo el año el árbol produce mangos, «es una mezcla entre mango de hilacha y mango de azúcar, son exquisitos», relata. Los mangos que caen en una noche pueden llegar a doscientos, dice que los pone en la calle con un letrero que dice «se los pueden llevar». Recuerda una vez que sacó una caja llena del fruto y un señor se los llevó para Bucaramanga muy agradecido.

Comenta que otrora llegaban muchas iguanas al patio, los animalitos se deleitaban comiendo mangos y una vez un caporo entró hasta la vivienda y se colocó en el pesebre, el curioso momento quedó captado en una fotografía que conserva su hermano. «Antes había otro tipo de zinc, cuando caían los  mangos sonaba muy duro, hace varios años se cambió el techo y ni se sienten cuando caen, si hay alguna iguana desorientada la llevamos al bosque del Aguil».

Doña Marina dice que su vivienda fue un sitio de encuentros de políticos, «aquí en esta casa se quedaron a dormir los expresidentes Guillermo León Valencia y Mariano Ospina Pérez con su señora esposa, también pernoctaron  quienes fundaron el banco Ganadero en la época del algodón y la agricultura», manifestó. Dice que su papá, don Campo Elías Caselles Flórez trabajó en la construcción de la vía Aguachica-Ocaña, y que prestaba la casa para reuniones aunque él nunca aspiró a ningún público porque prefería apoyar a otros en ese camino. Antes de iniciar las reuniones les decía a sus amigos, «no se les olvide que aquí caen mangos y hacen mucha bulla», advertía a los invitados ilustres y a los guardaespaldas de éstos, «por si llegasen a pensar que eran disparos», comenta entre risas esta anécdota.

También recuerda en su vivienda la presencia del exalcalde Luis Fernando Rincón en su casa entre otras personalidades que se sentaron bajo la sombra del frondoso árbol.

Dice que su papá hizo una viga de cemento de arrastre, de manera que las raíces tocan la estructura y bajan de nuevo, por eso no han tenido inconvenientes con el levantamiento del piso o el daño en las tuberías de agua, alcantarillado o de gas.

En su vivienda también existen todo tipo de antigüedades como máquinas de escribir Remington, teléfonos, sillas, camas de madera fina que aún conserva, tiene una colección de rosarios debido a su devoción por la Virgen María y la fe católica. Hace algún tiempo se dedica a elaborar tejidos en Croché y Macramé bajo la marca «Marina», los cuales son muy apetecidos por sus diseños y calidad en las piezas elaboradas.

Esta docente que sirvió durante treinta y cinco años en el magisterio, de buen semblante y un don de la palabra exquisito, es amante de la lectura, de las buenas conversaciones, hogareña y familiar. «Mi casa es como un museo», manifiesta risueña, mientras el equipo periodístico de EL NUEVO SUR le pide posar para una fotografía al lado del longevo árbol de mango, de repente dice» llévense varios manguitos, ahí está la vara y los bajan», los comunicadores se llevan algunos frutos muy contentos, pues no todos los días se come una fruta de una planta con más de un siglo de existencia.

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