José de Dios Quintero Patiño

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El ‘raspao’: un manjar del Caribe colombiano

Por Karen Yiceth Pedroza Vega

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   El hielo en el Caribe colombiano suele tener forma, colores y muchos sabores. Lo que al principio parece una pila de nieve, en 10 segundos se transforma en una montaña fría multicolor con sabor a cola, maracuyá y mora.

    Se trata del tradicional ‘raspao’, un símbolo costeño que hace parte de la idiosincrasia regional y que es elaborado a base de hielo, esencia, leche condensada y en ocasiones, miel.

     José de la Cruz Carrascal Rangel es un aguachiquense que se dedica a la venta del famoso ‘raspao’. Con su carrito, el cual adquirió con el dinero ganado en un chance, se ubica frente al parque San Roque y lleva 40 años endulzándole las tardes a los habitantes del municipio y a turistas.

     Este cuñero de profesión inició su venta en el año 1978, cuando un raspao costaba 50 pesos (hoy en día vale $ 2.000). Cuenta que al verse desesperado por falta de empleo y pasando necesidades, le pidió a Dios lo iluminara para hacer algo que le permitiera sobrevivir. Fue ahí cuando alguien le ofreció su primer carro de raspaos, que compró con el dinero que le prestó un amigo. Con la venta de este manjar costeño no solo ha sobrevivido él, también sus tres hijos, de los cuales, uno tiene estudios superiores.

     Como las hormigas al azúcar acuden a su venta los sedientos, perseguidos por el inclemente sol de la tarde. Propios y extraños, hechizados por la magia simple de un hombre sencillo, llegan hasta su carrito para degustar el raspao más delicioso de la ciudad.

    Cómo no recordar cuando los agobiantes calores de esta región golpeaban fuertemente y lo más apetitoso era un buen raspado o ‘raspao’; esa bebida refrescante que trae gratos recuerdos de nuestra infancia, cuando corríamos tras el carrito del vendedor de este refresco para pedir uno de sabor a cola, naranja, fresa o sandía.

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