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El fútbol y los muchachos

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Por: Diógenes Armando Pino Ávila.

En la Costa Caribe Colombiana, en cuanto a deporte se refiere hay dos pasiones: El Béisbol y el futbol, la parte beisbolista está más arraigada en los departamentos de Bolívar, Sucre y Córdoba, los que además tienen en común haber pertenecido a Bolívar, sin embargo, la pasión por el futbol ha crecido y la práctica del mismo se ha generalizado. En cambio, en el resto de la Costa se respira futbol, como en el caso de Barranquilla donde el Junior “Tu papá” es una especie de deidad colectiva que enloquece.

En los pueblos de ésta parte de la costa (Atlántico, Magdalena, Cesar y Guajira) los muchachos viven el futbol como única manera de quemar sus energías. En el descanso juegan a la pelota hasta que la campana suena, en el área de Educación Física es el deporte prevalente y por las tardes salen a las canchas de barrio a patear el balón. Los fines de semana participan en los campeonatos locales de futbol y por las tardes están pegados al televisor viendo los partidos del rentado nacional.

Es común encontrar tertulias donde a voz en cuello discuten las jugadas de un partido o en colectivo hacen juicios contra los técnicos y madrean en coro a los árbitros. En la costa todos son técnicos de futbol y, según la argumentación y contra argumentación que esgrimen dan la sensación de ser experimentados estrategas en este deporte, pues critican con certeza y corrigen con severidad los cambios y estrategias utilizados en los equipos profesionales, ni qué decir cuando de la selección Colombia se trata. Ayer, nada menos, hasta altas horas de la noche explotaban en los aires los voladores festejando la novena estrella del Junior de Barranquilla, ya en la prima noche habían salido en caravana de motos, carros y bicicletas los hinchas de dicho equipo a festejar gozosos la copa que consiguieron derrotando por penaltis al Deportivo Pasto.

Esta pasión no es nueva, en mi infancia vi en mi pueblo igual fervor por el futbol y sentí la admiración por las figuras locales, especialmente por mi hermano, uno de los mejores porteros de los que se tenga memoria en nuestro futbol local, a quien por sus atajadas y estiradas en pos de la pelota apodaron «La araña negra» en honor al ruso Lev Yashi, considerado el mejor arquero del mundo en todos los tiempos. Recuerdo que a todos los muchachos que descollaban en los equipos del pueblo los apodaban con nombres de jugadores internacionales de renombre como Panzuto, Pele, Maradona y otros que no recuerdo, en cambio a otros los apodos fueron puestos por ese aficionado a la locución que nunca faltó en la cancha y que animaba los partidos a través de un picó colgado de una alta vara para que pudiera ser escuchado por la multitud y que narraba el partido y a cada uno de los jugadores de ambos equipos nombraba con un apodo, en el caso de mi pueblo recuerdo: El Autoferro Tuntún, Caliche, Tom.

Estos jóvenes crecieron y se envejecieron practicando el futbol, algunos tuvieron la oportunidad de salir a las divisiones inferiores de los equipos profesionales, pero la disciplina requerida en esas concentraciones no les permitió su permanencia, regresaron al pueblo y marchitaron sus aspiraciones de debutar en el futbol rentado. Siguieron jugando en los equipos de pueblo ahora con un honor mayor para los hinchas que les referenciaban dentro de su palmarés el haber pertenecido a una división inferior. Así pasaron los años, viviendo la gloria local y marchitaron su juventud con la frustración de no haber sido futbolistas profesionales.

En el pueblo todavía recuerdan esas glorias del pasado, arqueros renombrados y jugadores destacados por su potente patada a esas pelotas forradas en cuero que en algunos casos hacían estallar por la fortaleza con que las golpeaban. Otros Son de grata recordación por sus gambetas, palomitas y chilenas y los golazos que marcaban. La gente de los pueblos guarda para con ellos un respeto y consideración lo que dice el grado de aprecio que sintieron por ellos en el pasado.

Uno de grata recordación, al cual no tuve el gusto de conocer se llamó Eligio Montesino, excelso cobrador de tiros con pelota quieta a quien le atribuyen como leyenda de su efectividad que, cuando el árbitro sancionaba un cobro con pelota quieta, preguntaba ¿quién la va a cobrar? Y cuando le respondían que el cobrador sería Eligio Montesino, no disponía el cobro de la falta, solo se ponía el pito en la boca, lo sonada con todas sus fuerzas y con la mano derecha señalaba el círculo del medio del campo y gritaba ¡Balón al centro! Dando por descontado que sería un golazo.

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