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Se acabó el recreo

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NO ESTABA MUERTA, ESTABA AGUAITANDO

Por: Óscar Hernán Pallares.

Luego de que el pueblo derrotara estruendosamente la intención criminal de ponerle impuestos al hambre (IVA a la yuca, al suero, al arroz, a la cebolla…), finalmente se aprobó la más repudiada de las reformas tributarias de que Colombia tenga memoria. No estaba muerta. Para hacerlo la maquillaron, le cambiaron el nombre, llenaron a la opinión pública de falacias, la trasquilaron, propagaron falsas premisas, salvaron al ministro Carrasquilla que se ahogaba en el mar de bonos de agua. De todo tuvieron que valerse para que la reforma tributaria saliera del pantano maloliente en que se batía desesperadamente. Estaba aguaitando la ocasión.

Al momento de escribir estas líneas solo le quedaba la etapa de conciliación entre cámaras. A partir del uno de enero será ley nacional. La reforma se “pupitrió” en el congreso con la sonrisa omisiva o decisiva de casi todos los partidos, a excepción del Polo, que como bancada la rechazó de palmo a palmo.

Tramposo como Santos resultó Duque en materia tributaria. Se recorrió todo el país desgañitándose con la trampa de que iba a bajar los impuestos. Y cumplió. La Reforma Tributaria le Rebaja los gravámenes a las grandes empresas nacionales y extranjeras, mientras a los pobres y a la clase media les meten la mano a los bolsillos en busca de hasta el último real.

Para convencer a la opinión pública de que se dejara saquear, la obnubilaron con falacias y premisas falsas como las siguientes:
1.Para que Colombia no se estanque se requieren 14 billones de pesos más. Tan falsa fue esta premisa, que rebajaron su canina a 7 billones. Lo que sucede, dicen los expertos, es que la reforma no es tanto para recaudar como para rebajar los tributos a las grandes empresas nacionales y extranjeras.

Si se requería financiar el presupuesto, es verdad de a puño, que lo primero que debieron hacer es levantar los beneficios tributarios vigentes desde 1959; estos, sumados a los cerca de 230 que se han creado últimamente, más por interés político que de conveniencia nacional, hubieran financiado el tan cacareado falaz desfinanciamiento, y sobraba plata. Mario A. Valencia de Justicia Tributaria, totaliza a hoy, lo que les cuesta a los colombianos estos regalazos tributarios: 14 BILLONES DE PESOS por ingresos no constitutivos de renta, descuentos tributarios, rentas exentas y deducción por inversión en activos fijos. En Colombia no existen estudios, dice, que demuestren la efectividad de los beneficios tributarios anteriores. Pero si se beneficiaran las pequeñas y medianas empresas, vaya y venga. Pero no. Los expertos estiman que en Colombia hay 1´300.000 empresas, y solo recibirán los beneficios las 10.000 más grandes. Quedan por fuera las pequeñas y medianas.

Y para colmo de lo peor, con esta Reforma Tributaria se crearon otros beneficios que le costarán al Estado, 8 billones de pesos más. (A 2019, súmelos a los 14 anteriores). Entonces si no hay plata, por qué se regala la plata.

2. Pocas personas y las grandes empresas son las que llevan el peso de los impuestos en Colombia. Para esta falsedad, dos realidades. Una. El grueso tributario está en los impuestos indirectos (IVA, aranceles, combustibles…) que impactan grandemente el bolsillo de los pobres y la clase media. Segunda. El impuesto de renta también lo pagan las pequeñas y medianas empresas, además de quienes ejercen profesiones liberales como abogados, ingenieros, médicos,.. Luego entonces, no es cierto que quienes llevan el peso del tributo son las grandes empresas.

PRIMER RECREO: Nuestros gobernantes no han caído en cuenta que París no está tan lejos de Colombia.

SEGUNDO RECREO: Que la luz de la navidad logre iluminar la razón de los aspirantes a la alcaldía y a los cuerpos colegiados para que su aspiración nazca del deseo de progreso, el empleo y la convivencia en Aguachica, y no de su espíritu mercantil. Feliz navidad.

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