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Se acabó el recreo

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¡SEA SERIO, NO JODA!

Por: Óscar Hernán Pallares.

El presidente Duque dice desconocer los protocolos firmados por el gobierno colombiano con el ELN a raíz de la atrocidad cometida por este en la escuela de policía General Santander para levantar la mesa de negociación instalada en Cuba en los eventuales casos en que ya no se quiera continuar con ella. Los protocolos los firmó el gobierno anterior en representación del Estado colombiano. A través de los voceros gubernamentales dijo: “No reconozco los protocolos firmados y exijo al gobierno cubano que detenga a los negociadores del ELN y los entregue a la justicia colombiana”.

Ante tal afirmación, los internacionalistas no saben qué decir de si es una salida en falso, un desconocimiento de lo que se habla o una manipulación de la opinión pública para coger aire; en cualquier caso, consideran que un país civilizado no se puede dar el lujo de salir con tal exabrupto.

El tema es para expertos del ordenamiento jurídico internacional, por supuesto, pero también es un asunto de importancia para el sentido común del común.

Es casi de sentido común, por lo aceptado internacionalmente, que una cosa es el Estado y otra el gobierno. El Estado es una persona jurídica de derecho internacional, con capacidad coercitiva sobre un territorio y sus pobladores, mientras que el Gobierno es una organización de personas. El Estado y el gobierno se relacionan en que éste actúa como representante y agencia autorizada de aquel.

El Estado permanece (algunos pensadores vaticinan su disolución, así como surgió una vez desaparezcan las causas que lo promovieron) mientras el gobierno cambia constantemente. Puede haber distintas formas de gobierno para dirigir el Estado. Hay gobiernos monárquicos, presidencialistas, democráticos…pero el Estado sigue siendo el mismo. Incluso, el gobierno cambia menos que las cabezas de dicho gobierno. En Colombia hoy lo preside Duque y ayer Santos, pero antier fue Uribe y antes de ellos, Pastrana, Samper, López, y Lleras…nombres diferentes para un mismo gobierno.

Recordado lo anterior, la firma de un presidente en la arena internacional no es más que la firma del Jefe del Estado. Para la comunidad internacional, quién firma es el Estado y no el gobierno, menos el presidente. Son entidades pasajeras, mientras el Estado permanece. Por eso es que si se estudian los documentos internacionales se apreciaran firmas de variopinto presidentes, pero en representación de un mismo Estado: El Estado colombiano.

Obviamente que un nuevo gobierno que rija el Estado tiene la potestad de desistir y modificar los acuerdos, pactos, compromisos, tratados etcétera que haya firmado el anterior en representación del Estado. Pero nunca violando los protocolos que el concierto internacional ha establecido para dichos eventos. De hacerlo será catalogado como un paria mundial y desterrado de las relaciones civilizadas acordadas tras muchos siglos de construcción de convivencia política.

Los abuelos nos enseñaron que la palabra empeñada debe honrarse, siguiendo, quizá sin saberlo, la consigna en la antigua Roma como base fundamental de la confianza que la comunidad deposita en sí misma. Se pierde la confianza, se pierde el tesoro.
En latín lo asimiló el ordenamiento jurídico internacional en la convención de Viena sobre El Derecho de los Tratados como Pacta Sunt Servanda: En lenguaje castizo eso significa, ¡sea serio, no joda!

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