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Se acabó el recreo

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YO TAMBIÉN QUIERO SER ALCALDE

Por: Óscar Hernán Pallares.

Con la inscripción del grupo significativo SOÑEMOS JUNTOS que va a impulsar la candidatura por firmas de Carlos Pedrozo a la Alcaldía, se dio la partida por el primer puesto municipal. Como él hay muchos precandidatos a candidatos.

Muchos quieren ser alcaldes; por lo menos, candidatos. Algunos están esperando la bendición de uno de los dos grupos aparentemente fuertes que se disputarán la gobernación para asomar la cabeza en forma. Otros se afanan buscando patrocinadores; hay quienes creen que por el hecho de haber sido funcionarios públicos tendrán el favor popular; cantidades se proclaman líderes, como si serlo se consiguiera a gritos; hay quienes miran el norte en el norte… de Santander; casi ninguno quiere aval de los partidos desprestigiados, pero nunca rechazarían su coaval. Pocos se mantienen en sus convicciones y principios y seguramente aspirarán también.

Todos tienen el derecho constitucional a proponer su nombre y a ser elegidos. A nadie se le puede coartar ese derecho en razón del color de su piel, o porque el bolsillo no le pesa, o por su orientación sexual, o por su edad, salvo que debe ser mayor de 18 años, o por identidad partidista, o porque no tiene ninguna; o porque es de izquierda, o practica principios antediluvianos, por poca experiencia, o de escaso nivel educativo, o, y, cultural, o por su confesión religiosa. Para ser precandidato no hay cortapisa alguna. El art. 40 de la Carta Magna así lo establece: Todo ciudadano tiene derecho a […] Elegir y ser elegido. Y para ser alcalde el único requisito es ser colombiano en ejercicio, es decir que pueda ejercer el derecho al sufragio, Ley 136 de 1994.

Entiendo que todos los precandidatos actuales, y los que aún no se han mostrado, pueden ser constitucional y legalmente alcaldes. Pero uno se puede hacer la pregunta: ¿Si todos pueden ser, no da lo mismo elegir a cualquiera de ellos?
No. Porque para ser buen alcalde se debe tener, además del derecho constitucional y legal, competencias académicas, administrativas, jurídicas, y experienciales, amén de las sociales, de relaciones, de templanza, serenidad, rectitud, servicio público por encima de los intereses privados. En otras palabras, para ser buen alcalde se necesita ser apto y acto a la vez.

Por eso no se puede elegir a cualquiera de la baraja. Para eso es la campaña electoral, para que podamos determinar la capacidad académica, administrativa y experiencial, así como su actitud ante los problemas que debe resolver y las soluciones que va a implementar a los mismos.

Yo también quiero ser alcalde de Aguachica. Pero me falta mayor preparación para ser uno bueno. Por eso estoy estudiando sobre presupuesto, contratación y administración pública, relaciones con la comunidad, demografía local, costumbres y cultura de la región; sobre educación, planeación, salud pública, movilidad, servicios públicos, idiosincrasia del municipio, nuestros orígenes, estructura del Estado, el departamento y el municipio, así como las formas como le llega el agua al molino en cada uno de ellos, Al municipio lo vengo estudiando desde hace muchos años, pero la verdad, soy honesto, es que sintiéndome acto para ser alcalde necesito mayor conocimiento sobre él para ser uno bueno.

PRIMER RECREO: El que lo entendió lo entendió.

SEGUNDO RECREO: A la necesaria discusión sobre el cambio de fecha para la realización de los carnavales acerquémonos con respeto, sin falacias; con honradez intelectual y académica; pero, sobre todo, tengamos mucho cuidado de meterle religión a un asunto meramente pagano.

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