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José de Dios Quintero Patiño

Noticias locales, regionales y nacionales

Síndrome del avestruz

Por: Diógenes Armando Pino Ávila

    En estos momentos de convulsión social, de protestas, de paros, de bloqueos, de desabastecimiento de los mercados, de cierre de negocios, de quiebras de microempresarios, de quejas y reclamos, de derechas, izquierdas moderados, tibios, verdes, tirios y troyanos y demás grupos que conforman los gradientes de esta “Patria Boba” en la que hace más de doscientos años vivimos. En este tira-que- jala entre gobierno y promotores del paro se da un fenómeno, para nada nuevo, que los modernos coachs y youtubers les ha dado por llamar “síndrome del avestruz”.

     El llamado síndrome del avestruz deriva su nombre de la apreciación popular errada, de que el avestruz esconde la cabeza entre la arena, cuando lo que en verdad hace es comer cabeza agacha, a ras del suelo porque su alta estatura no le permite otra pose más elegante para proveerse su sustento. De ahí nace el dicho de hacer como esa ave gigante, cuando se quiere decir que el otro no quiere ver la realidad.

     Pues sí, en estos momentos hay varias maneras de hacer como el avestruz, los hay quienes esconden la cabeza para no ver la brutalidad de las fuerzas del Estado, que viola inmisericordemente los Derechos Humanos, gaseando, golpeando, torturando, matando a los muchachos que protestan. Estos solo ven policías apedreados, apuñalados, incendiados, solo miran negocios vandalizados, pedreas, amenazas a sus bienes, daños al mobiliario público.

    Estos tienen la tendencia mirar solo un lado de la arista filosa en que pende el equilibrio de la patria, y como siempre, en la historia de Colombia, buscan a un culpable, en este caso le endilgan el entuerto a Petro y lo hacen con la mala leche de mojarlo con el agua sucia de una realidad que se deriva de veinte años de injusticia, segregación e inequidad. Ellos saben de donde proviene el problema, pero se niegan a analizarlo pues de otra manera no le daría los réditos políticos que esperan cosechar de cara a las elecciones 2022.

     Los hay de la extrema izquierda que utilizan la situación para justificar el vandalismo y la violencia en el entendido que así y solo así se llegaría a la toma del poder, es decir se mantienen en el cliché de los años 60s de que solo la toma armada daría como resultado que el pueblo o el grupo que dice representarlo tomaría el solio de Bolívar. No se han enterado de los cambios que el mundo moderno ha dado, no aterrizan en esta nueva sociedad cansada de la violencia de la muerte y el terror. No entienden que, si los muchachos están en la calle ofrendando sus vidas ante la violencia del Estado, es precisamente para acabar la violencia, porque ellos, los muchachos, han entendido que los detentores del poder convirtieron la violencia en su único argumento para perpetuarse en el poder y que para derrotarlos hay que acabar con la violencia precisamente.

    Hay otros que le es indiferente, los que en verdad entierran la cabeza para no ver los horrores que vive Colombia, los que creen que todo está perfecto, los que emulan a los que no quisieron salir de la caverna de Platón y siguen viendo el mundo a través de las sobras proyectadas por sus próceres, los que creen en el líder salvador, que fue elegido por dos periodos para salvarnos y que al final dijo que el tiempo no le había alcanzado y por tanto le dieron la oportunidad de gobernar en cuerpo ajeno por doce años más, hasta el día de hoy en que el país vive la peor degradación administrativa, con un gobierno rodeado de mafias, políticos corruptos y funcionarios inexpertos que se creen la última Coca-Cola del desierto.

    También están los llamados “tibios” que miran, pero no creen o si creen no se atreven a decir, pues no son chicha ni limonada y quieren estar bien con todo el mundo ya que aspiran a congraciarse con tirios y troyanos, en la creencia de que no emitiendo opinión se vive mejor, por tanto, no toman partido y si opinan lo hacen cuando ya todo lo el mundo lo ha hecho.

    Colombia necesita que se diga la verdad, que se reconozca las atrocidades que se han cometido, que la justicia opere en la persecución y castigo de los criminales sean del bando que sea, pero que no utilicen como argumento dicha persecución para inculpar a inocentes. Los muchachos, los jóvenes que están en las barricadas, los que se atrincheran en un escudo de latón, nos están gritando la verdad y por ello los están matando. Como duele que ametrallen la vida en primavera.

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