
CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA
Debería tener 10 o 11 años. Me veo mirando a la cantidad de niños subiendo a los resbaladores y tirándose por ellos atropelladamente. Otros atrevían a ser lanzados por la fuerza centrípeta mientras la rueda giraba a toda la velocidad que los que no estaban en ella le imprimían. Unos tantos se divertían pasando de un peldaño a otro en el pasamanos. Los más arriesgados incitaban a sus amigos a que empujaran con tanta fuerza el columpio, tanta, que fueran capaces de hacerlo dar una vuelta completa por encima del travesaño.
No me veo viendo mamás, ni papás, ni auxiliares de las casas acompañando a los niños. Era un parque seguro. Era un parque para niños y ellos solos se defendían. A quién se caía y se raspaba las rodillas los demás compañeritos lo auxiliaban echándole saliva y tierra en las raspaduras; el accidentado se secaba las lágrimas y salía corriendo a montarse en otro juego. Las peleas terminaban con un abrazo entre los peleadores y caminando en busca de otra diversión. Era el poder de los niños en acción.
Los juegos estaban ubicados en todo el costado oriental del vedado. El resto del parque estaba poblado de árboles que garantizaban la sombra, el frescor y la oportunidad de subirse como micos a ellos. Como los micos en juego, se escuchaba la algarabía de los niños una vez se trepaban en lo más alto del árbol.
Era todo un acontecimiento recorrer el parque por entre la arboleda. Miraba uno a uno lado y veía el arrume de niños peleándose un puesto en los juegos; volteaba la mirada y los niños jugaban a “la lleva”, otros a lucha libre en pleno tierrero y muchos tirando el trompo o jugando a las bolitas.
Fue el Parque de los Niños.
La cuadra de terreno, enmarcada por las calles 5 y 4 y las carreras 15 y 16, fue donada por Moncho Villegas para un parque para los chiquillos, el cual fue dotado con los 7 elementos básicos (resbaladeros, columpios, escaleras para trepar o escalar, pasamanos, rueda, elementos de equilibrio y sistema sensorial) en el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla. Con palabras de la reina de Aguachica fue inaugurado con gran pompa.
En mi conocimiento no tengo quién fue el primer alcalde que permitió que algunos particulares se apropiaran del parque de los niños. De los últimos que entregaron lotes de él a cambio de votos, no solo yo, todos los recordamos. Hoy solo sé que el parque que fue de los niños, y debe retornar a ellos, es una vergüenza municipal.
Cuando se produjo el primer zarpazo a los terrenos del parque de los niños, García Márquez debió haber escrito la crónica de la muerte anunciada del parque. Tal vez si se hubiera puesto el grito en el cielo en esa época, hoy los vástagos de los hijos de quienes disfrutaban del parque tuvieran un gran parque para divertirse y no el antro en que dejaron que se convirtiera.
En estos momentos tal vez se estén escribiendo las primeras líneas de la crónica anunciada de la muerte de la plazoleta de la Terminal de Transporte.
PRIMER RECREO: No puede ser que otra vez un funcionario de alto rango (van 3) de la Empresa de Servicios Públicos de Aguachica tenga que renunciar por presuntas amenazas contra su vida. La justicia debe priorizar la investigación correspondiente y la Junta Directiva de la ESPA debe hacer todo el esfuerzo para el esclarecimiento de esta gravísima situación.
SEGUNDO RECREO: El vencimiento de términos es el camino expedito para liberar penalmente de Cadena a presuntos culpables de cuello blanco.

