La ciudadanía ya desconfía

Por Héctor Manuel Lozano Herrera «Pancho»

    Hoy la credibilidad en nuestros gobernantes es la más baja en la historia, la falta de oportunidades, la poca inversión en obras sociales e infraestructura y el incremento de la corrupción, han hecho aumentar los índices de pobreza y de miseria y nuestro territorio local y regional no escapa a esta triste realidad.

     La confianza de la gente en Aguachica y en la región es muy baja en sus relaciones interpersonales, así como en relación a la mayoría de las instituciones, y especialmente hacia los políticos. Este no es un problema solo de los aguachiquenses, cesarenses y colombianos, ya que dos estudios coinciden en que la confianza interpersonal es en promedio baja en América Latina, en comparación con otras regiones del mundo. Probablemente esta forma de ser tenga que ver con la acumulación de hechos que diariamente defraudan las expectativas personales y colectivas, que sin duda son mayores a los éxitos y satisfacciones, y también a la tendencia de apreciar menos los pequeños logros y complacencias.

    Un estudio realizado en 2021 por el Departamento de Investigaciones del BID junto a IDEA, sostiene que la evidencia a nivel macro, utilizando datos del coeficiente Gini como medida de la desigualdad, y los datos de la confianza interpersonal de las Encuestas Mundiales de Valores, indica una correlación negativa entre la confianza y la desigualdad. A nivel micro, las percepciones de las personas -más allá de la riqueza o el ingreso real- parecen moldear cómo la confianza y la desigualdad están correlacionadas, según la investigación.

    Los autores del trabajo, Carlos Scartascini y Joanna Valle Luna, afirman que en las percepciones influyen de manera significativa elementos como la educación, el acceso a los bienes públicos o si una persona ha sido víctima de un delito. Las personas mayores y con mayor nivel de educación generalmente ven la distribución del ingreso como más injusta que las personas más jóvenes y con menor nivel de educación. En relación con las características del barrio, tanto las víctimas de delitos como de la corrupción tienden a tener una visión peor de la distribución del ingreso, al igual que aquellas que tienen acceso a una educación y a servicios sanitarios de menor calidad.

     La confianza se mide como una respuesta binaria a la pregunta: En términos generales, ¿diría usted que se puede confiar en la mayoría de las personas o que nunca se puede tener suficiente cuidado? Según la investigación la reducción de la desigualdad puede aumentar la cohesión social, dado que la desigualdad despierta emociones negativas y tiende a corroer el tejido social. Los cambios en esas percepciones, a veces alimentados por información falsa, parecen subyacer al menos en parte la importante disminución de la confianza que están experimentando la mayoría de países. La creación de identidades e identificación de semejanzas entre nacionales, partidos, etnias y religiones, también parece tener un efecto positivo para mejorar la confianza. Mejoras en la provisión de bienes públicos también podría avanzar considerablemente para reparar las percepciones de desigualdad y aumentar los niveles de confianza. Una mejor educación, mejores servicios de salud, mejores servicios locales y la disminución de la delincuencia son maneras de reducir las percepciones de la desigualdad. Fundamentalmente, cumplir las promesas y divulgar información adecuada sobre las promesas cumplidas puede ser la clave para aumentar la confianza. Un mayor nivel de confianza es un valor en sí mismo, genera las condiciones para mejores políticas públicas, particularmente los bienes públicos que ofrecen altos retornos a largo plazo, como la educación, la salud y la infraestructura. Esos mismos retornos pueden reducir la desigualdad poniendo en marcha un círculo virtuoso. En ese sentido, empujar ligeramente a la sociedad en la dirección correcta podría hacerla avanzar mucho en una senda de mayor confianza, de aumento del crecimiento y menor desigualdad, según los autores del estudio.

   En vísperas de nuevas elecciones parlamentarias, nuestro municipio de Aguachica y nuestra región Sur del Cesar tienen una carga negativa de promesas incumplidas, de proyectos frustrados, de falsedades que se las pretende imponer como verdades y, fundamentalmente, de actos y hechos que ponen en evidencia la de los disimulos, simulaciones, tergiversaciones y otras formas de engaño de los políticos y de nuestros gobernantes. Hay esperanzas.

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